martes, junio 17, 2014

RECUPERAR LA NORMALIDAD

Envidia sana es lo que me produce la solución acertada, a mi entender, que se ha tomado para intentar enderezar el rumbo del Concello de Santiago de Compostela, y que los compostelanos puedan recuperar un sentir de normalidad en la gestión de su ciudad. Y sí, envidia sana de que la misma actitud y responsabilidad no exista en mi ciudad, Ourense, en la cual estamos sometidos a todo tipo de olvidos y algo más, como si la tercera ciudad de Galicia y 107.542 ourensanos y ourensanas no importásemos o fuésemos ciudadanos virtuales sometidos a algún tipo de experimento para investigar el límite de aguante y paciencia de las personas.
Pero me preocupan aún más las necesidades de los más desfavorecidos, como así se pone de relieve en el informe de Cáritas en nuestra provincia y donde una vez más queda constatado que el número de personas en exclusión social y con muy serias dificultades para afrontar sus necesidades básicas se ha incrementado notablemente. Me preocupa que miles de familias ourensanas no le puedan hacer frente al recibo de la luz o del agua ni a su propia alimentación, minando así su calidad de vida y su dignidad como personas. Estos son los problemas reales de los ciudadanos y donde deben ir dirigidos todos los esfuerzos.
La sociedad clama porque se vaya a lo concreto, al día a día, a solucionar los muchos y diferentes problemas de la ciudadanía. Y a ninguno se nos escapa que la generación de empleo es el bálsamo que puede curar esta dura desigualdad social. Por ello quiero mirar con optimismo a un proyecto común que haya recibido el impulso y la confianza suficiente para poder guiarnos los próximos años con garantías reales. Primero, porque lo necesitamos, para poder vislumbrar alternativas solidas y fiables al cambio de ciclo que vivimos, y porque necesitamos criterios unificados con discursos tangibles y sostenibles en forma y tiempo, acordes al actual contexto económico-social y que nos permitan poder equilibrar y sostener nuestro estado del bienestar. Para ello, un tema como es el del suelo industrial es imprescindible. En vez de buscar la eficiencia y agilidad para propiciar la tan ansiada creación de empresas y a partir de ahí promover empleo nuevo, se ha convertido en algunos casos en un obstáculo insalvable para muchos emprendedores. Me explico: en estos momentos disponemos de suelo industrial vacío y sin urbanizar, y este no solamente es el suelo promovido por los pequeños ayuntamientos que a día de hoy solo son parcelas llenas de matorrales, sino también en los que el propietario es Xestur.
La alternativa para evitar la deslocalización de empresas es que este suelo industrial se comercialice con un descuento de un 75% sobre el precio al que se está ofreciendo, con tres años de carencia y financiando el importe restante la propia administración, a través del Igape y utilizando al ICO con interés cero a cambio de la creación de empleos en el ámbito local o provincial, y recordando que el suelo industrial público es de todos y que lo prioritario en estos momentos es facilitar y agilizar, y no aplicar políticas obstruccionistas y caducas.

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