miércoles, abril 02, 2014

CODIGO ETICO NECESARIO E IMPRESCINDIBLE

NO PRETENDO ESCRIBIR una ponencia, ni tampoco redactar una disertación sobre lo humano, lo divino o lo virtual.
Simplemente pretendo aportar un toque de coherencia y sentido común para intentar abrir la vía necesaria e imprescindible que ayude a recuperar tanto la confianza de la ciudadanía en la actividad política como la credibilidad de las administraciones y de las personas que las gobiernan.
Se debe profundizar en la ética política de quienes deben practicarla no solo por obligación, sino porque realmente deben creer que es la mejor de las aptitudes para frenar y combatir la actual desafección de los ciudadanos con la mal llamada clase política. Y en este punto estoy totalmente de acuerdo con las manifestaciones realizadas hace pocos días por el fiscal superior de Galicia diciendo que en el terreno político “un comportamiento puede muchas veces no ser delictivo pero sí éticamente reprobable, y la respuesta política tiene que producirse en ese campo ético y de convencimiento moral de culpabilidad, no en el del convencimiento penal de culpabilidad, que para eso están los tribunales”.
Pues pienso lo mismo, que el nivel de exigencia al político y al cargo público debe ser mayor que al resto de ciudadanos y si alguien no está dispuesto a afrontar este nivel de exigencia ético y moral, recordarle que nadie obliga a nadie a ocupar responsabilidades públicas. Al que le quede grande el traje, simplemente que no se lo ponga, se dedique a otra cosa y punto.
A la política se debe acceder por convencimiento, por ideología y por ideales, y a una oportunidad de poder representar determinada opción política en una administración se le deben sumar los principios, valores y un comportamiento ético y moral fuera de toda duda. Esto es lo que demandamos los ciudadanos de nuestros gobernantes, donde los regalos o prebendas no tienen ninguna cabida en la relación entre responsables de la administración y empresas adjudicatarias. La regeneración democrática iniciada por nuestro ejecutivo debe de derivar en una regeneración moral a la vez que se debe aumentar el control y supervisión en la concesión de subvenciones y contrataciones públicas. Es lo que pienso, creo y defiendo.

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